Por donde se vea, el Gobierno no tiene cómo justificarlo. Incluso si pagan 400 millones de dólares y asumen la obligación de invertir 900 millones adicionales estarían hundiendo en esa operación un monto mayor al presupuesto anual de inclusión social o al de saneamiento, pese a que hay 2 millones de pobres extremos y que no tienen acceso directo a agua potable en sus hogares el 50% de peruanos. No parece ser el tema más urgente o prioritario.
Además, La Pampilla tiene como accionistas, aparte de Repsol, a millones de peruanos a través de las AFP. Por lo que lo que el Gobierno ofrezca a los españoles también deberá ser ofrecido al resto de minoritarios. Caso contrario estarían no solo incumpliendo la ley sino que, además, estarían perjudicando a sus propios ciudadanos porque, no bien se haga cargo el Estado de la empresa, esta no tendrá mayor valor y el precio de su acción, sin duda, se habrá desplomado.
Realmente nos va a costar a todos un ojo de la cara que Humala quiera jugar al empresario.
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