En un mundo volátil, sobre todo en el Medio Oriente, es fundamental para un país tener seguridad en su suministro energético. Mientras en La Haya, Perú y Chile debaten una frontera marítima, tema sin duda muy importante, Chile se enfrenta a un tema práctico y fundamental para su economía, que es su inseguridad energética. Esta semana en la red eléctrica de Chile el costo marginal de la electricidad era más de 18 centavos de dólar por kilowatio/hora -pensemos que en el Perú la tarifa promedio que pagan las industrias está alrededor de 6 centavos. La inseguridad energética de Chile se debe a su falta de hidrocarburos, y por consiguiente a su necesidad de importar petróleo y gas desde lugares tan lejanos como Indonesia y el Golfo Pérsico, a más de 9,000 kms de distancia. Argentina le cortó el gas a Chile cuando los controles de precios en la república gaucha hicieron que cayera la producción y a su vez que Argentina tuviera que importar gas en vez de exportarlo.
El Perú tiene la suerte de tener un panorama energético muy favorable: la posibilidad de grandes y pequeñas hidroeléctricas basadas en las caídas de agua desde los Andes, alguna reserva aunque no abundante de petróleo, y probablemente muy importantes reservas de gas en la Amazonía y también en la costa norte. El problema que enfrenta el Perú es que nuestro consumo eléctrico crece muy rápidamente, gracias al dinamismo de nuestra economía. Hoy necesitamos 7,000 megavatios de capacidad de generación eléctrica; al ritmo del crecimiento actual necesitaremos 16,000 megavatios en 10 años y probablemente más de 30,000 en 20 años, o sea en el 2032.
¿Dónde están los proyectos para esa generación?
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