Los falsos positivos ocurren muy de vez en cuando, pero la elevada frecuencia de los casos observados se debe al hecho de que los investigadores tienen que tomar incontables decisiones durante el proceso de recogida y análisis de datos. Además de eso, dicen los autores, "es común entre los investigadores recoger una combinación de alternativas analíticas que produzcan resultados de 'importancia estadística' y, a continuación, informar sólo de lo que salió bien. El problema, está claro, es que la posibilidad de por lo menos uno (entre muchos) análisis genere un descubrimiento que sea un falso positivo" es elevada. En realidad, el investigador es de forma invariable "más propenso a encontrar una falsa evidencia acerca de la existencia de un efecto que una evidencia verdadera que niegue su existencia".
Si se añade a eso el deseo del investigador de encontrar un resultado estadísticamente significativo, mientras menos intuitivo sea, mejor. O, según dicen los autores, "una vasta literatura documenta que las personas se guían por intereses personales a la hora de lidiar con informaciones ambiguas, optando por conclusiones justificables que encajen con sus deseos" y culminen con la publicación de su trabajo.

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