El crecimiento del gigante asiático ha contribuido a trazar un nuevo mapa económico de la región, impulsando el cultivo de la soja en la remota zona centro-oeste de Brasil, planes para un nuevo enlace ferroviario en Colombia que rivalice con el Canal de Panamá e incluso un nuevo emplazamiento en un pueblo peruano en los Andes para instalar a la minera Chinalco. Pero las exportaciones directas a China por un valor de US$90.000 millones son sólo parte de la historia. A medida que América Latina se apura en producir los combustibles, minerales y metales que demandan las fábricas chinas, crece también su dependencia de la segunda economía mundial.

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