martes, 23 de abril de 2013

Juan Ramón Rallo. ¿A qué esperamos para cerrar el FMI?


… (el FMI fue) creado en 1945 con la finalidad de gestionar el sistema monetario de Bretton Woods: en concreto, su finalidad era la de conceder préstamos temporales a países con déficits exteriores para evitar un rápido reajuste interno de sus patrones productivos y de consumo que revertiera esos déficits; eufemismo para no hablar claramente del sabotaje deliberado del funcionamiento disciplinante del patrón oro clásico en aras de lograr un rampante inflacionismo gubernamental. Desde su origen el FMI fue una institución profundamente anticapitalista. No en vano, fue diseñada por dos economistas adversos a los mercados libres: John Maynard Keynes y Harry Dexter White.

Extinto Bretton Woods en 1973, el FMI no desapareció: siguió engordando e incrementando su influencia sobre las distintas economías del planeta... el propósito del Fondo desde los 70 pasó a ser el de “estabilizar” economías en dificultades concediéndoles asistencia crediticia a cambio de un programa de reformas y ajustes en su mayoría torpes y discutibles. El FMI es un prestamista de última instancia de manirrotos gobiernos insolventes nutrido con los fondos expoliados a los contribuyentes del resto del mundo. Lejos de permitir que cada liberticida país y cada intervencionista gobierno sufrieran íntegramente las consecuencias de su desastrosa actuación, el FMI trataba de prevenir las nefastas consecuencias de sus nefastas políticas parcheando sus trazos más disparatados: por ejemplo, frenar pasito a pasito las tasas superinflacionarias o reequilibrar los infinanciables presupuestos mediante todo tipo de dolorosos pero insuficientes ajustes.

Al final, muchos países o ahondaban en el pozo o salían de él con despotismos consolidados y sin ser conscientes de los motivos reales que los habían llevado a hundirse. Los populismos estatistas de todo tipo comenzaron a asociar el intervencionismo del Fondo con el liberalismo para así justificar un redoblamiento de sus poderes frente a las injerencias externas del Fondo. En realidad todo era un rifirrafe entre dos tipos de intervencionismo anti-libre mercado: el de los caciques locales o el de una burocracia internacional que pretendía profesionalizar el expolio al ciudadano volviéndolo políticamente sostenible.

La actuación del FMI durante estos últimos años no se ha distanciado de este pauperizador patrón: ha apoyado en todo momento los rescates de la banca a costa del contribuyente, las subidas de impuestos dirigidas a dotar de algo de credibilidad a las finanzas estatales o los elevados déficits públicos supuestamente pensados para “el crecimiento”. Esta semana, Christine Lagarde, repetía incansable el dogma keynesiano de que “no existe razón objetiva para apresurarse a realizar una reducción drástica del déficit” en España o que nuestro país “puede crecer en 2014 si no se le fuerza a realizar más ajustes”. También el economista asesor del Fondo, Philip Gerson, pedía hace unos días más tiempo para que nuestro gobierno complete su estabilización presupuestaria. Ni una buena idea ni una buena acción.

En suma, ayer y hoy el FMI ha pretendido socavar el funcionamiento del mercado libre, dándole más cuerda al deudor manirroto gubernamental para que siga avanzando con paso firme hacia la insolvencia pero sin descuidar por un momento las abusivas subidas de impuestos que tiendan a consolidar su hipertrofia. Ayer y hoy, el FMI sobraba…

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